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¿Cómo pensar la novedad de la pandemia?

Lo inesperado que arremete conduce  a la vulnerabilidad y a la incertidumbre al producirse un agujero en el campo del saber sobre una situación dada, si bien han ocurrido hechos de esta naturaleza en la historia del mundo,  no hay antecedentes en las generaciones más cercanas.

La mente humana tiene poca tolerancia frente a lo inexplicable y una necesidad imperiosa de dar sentido a lo desconocido. La pandemia reactualiza miedos originarios y provoca el debilitamiento de los lazos sociales porque el otro es visto como enemigo amenazante que puede contagiarnos o ser contagiado por nosotros.

La peste quita los velos de las tres posibles fuentes del malestar en la cultura planteadas por S.Freud: el propio cuerpo que se enferma o desaparece, la relación con los otros que se vuelve amenazante, y por último la ausencia de garantías de los órdenes sociales y de la ciencia ante la naturaleza devenida un riesgo.

Las  respuestas son diversas: una de ellas es la omnipotencia que consiste en  la increencia de que algo pueda  dañar a nuestro cuerpo que no puede  ser tocado por la enfermedad, por consiguiente se evitan los cuidados necesarios. Otra es desmentir la peligrosidad del virus y  que el hecho  está ocurriendo. En ciertos casos se erigen conductas discriminatorias o medidas de aislamiento extremas donde el semejante es  visto como enemigo y potencial fuente de contagio. En casos más extremos se generan versiones casi apocalípticas como de fin de la existencia.  Son frecuentes  también las teorías conspirativas que responsabilizan a otros de una “invención” con fines determinados excluyendo totalmente al azar.

La situación frente a “lo novedoso” puede devenir traumático cuando la cantidad de estímulos colapsan la capacidad de procesamiento del psiquismo. El exceso produce una “interrupción temporaria” de la organización del pensamiento dado por la insuficiencia representacional que no logra cubrir la vulnerabilidad y la incertidumbre.  La disminución progresiva de la intensidad y cantidad de afecto facilitarán recuperar los recursos guardados para volver al estado anterior.

En cambio, cuando  el desborde resulta  catastrófico, implica “un quiebre” y no se encuentra salida, el exceso no puede ser ligado y no se logra la recomposición como en el trauma. El ser “desvastado” como objeto de la situación queda paralizado dado que la fuerza perturbadora arrasa con las representaciones que permitirían  admitir al suceso para su posterior elaboración.

Una resolución posible de otro orden frente a la novedad es asumir la situación, “poner el cuerpo” saber “estar ahí” y asumir una escena. Cuando esto sucede  la situación dada deviene acontecimiento. Este caso, que si bien marca también un quiebre, la alteración no es cuantitativa sino es cualitativa y da lugar que aparezca lo inesperado, lo azaroso de “un nuevo recurso “se inventa otra cosa”.

Podemos servirnos de la Filosofía para pensar la novedad, Alain Badiou, Filósofo francés se refiere a la noción de acontecimiento como la suspensión de “ lo dado” por la realidad, una situación desviada de lo esperable que  obliga a inventar nuevos itinerarios, cambiar las propias coordenadas. Si bien esta irrupción puede ser una experiencia colectiva posibilita reivindicaciones particulares, “un punto de nuevo” para cada uno.

Por ello, ¿cómo abordar  el acontecimiento quedando totalmente tomados por él?

Convocamos entonces a despertar el pensamiento crítico, que la pandemia no impida actuar, pensar, comunicar y crear.