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El marco de la pantalla… un tratamiento posible?

El mundo real concreto y objetivable difiere de la realidad psíquica de un sujeto que es  una construcción fantasmática y opera a modo del  marco de una ventana que  permite observar el mundo y actuar en él.

Cada sujeto construye una realidad desde ese recorte o perspectiva singular según las particularidades de su historia y las marcas  dejadas por  las figuras primordiales.

El cuerpo del psicoanálisis no es el que entiende la Biología, es un cuerpo erógeno,  conformado con  lo que llega de otros, libido que  habita en los orificios del cuerpo, allí donde la mirada y la materialidad de la voz  dan cuenta de la determinante condición social de nuestra subjetividad.

Es así como las primeras huellas constitutivas, los modos en que un ser humano fue “mirado o hablado” devienen en marcas singulares imborrables que pueden ser reescritas en un análisis.

En relación a lo expuesto  nos preguntamos si los medios digitales podrían aportar la presencia de un  marco en la pantalla del equipo en la cual se haga presente este guion ficcional que el analista actualice  con la modulación de la voz o el empleo de un silencio en la línea  estas huellas que habitan la singularidad para  ponerlas a trabajar en lugar de  quedar encerrados en el pánico de la trampa narcisista en donde la retracción libidinal no permite la dialéctica.

La realidad psíquica prevalece  por sobre cualquier otra cuestión, el avance que el pánico imprime deriva en otra peste que paraliza el trabajo psíquico creando “un otro peligroso” que enmudece los cuerpos. Si bien guardar cierta distancia y evitar la circulación es cuidar al otro  eso no impide que el inconsciente sea escuchado, es el cuerpo físico el que debe estar aislado.

Considerando que lo virtual no es lo opuesto a lo real, sino en todo caso es otro modo complementario  de contactarse, lo corporal y lo pre verbal quedan del lado del relacionarse y no necesariamente  quedan excluidos de la comunicación a distancia. Tomando en cuenta que para J. Lacan la voz es la pulsión más cercana al inconsciente y un objeto profundamente corporal, pero que no está en el cuerpo al igual que la mirada. En este sentido  recordamos que “ver  y mirar en psicoanálisis no son sinónimos”.

Concluimos diciendo que en momentos como los que se atraviesa el analista recluido en la tristeza y en el encierro no puede estar a la altura de las condiciones del sujeto y su sufrimiento solitario, si el análisis está instituido y se desarrolla conforme al método y a los principios éticos que lo sustentan  sigue habiendo estrictamente dos cuerpos enlazados.