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El soporte digital de la palabra y del lenguaje

Ante la imposibilidad del encuentro físico entre analista y paciente, se abren interrogantes y debates entre profesionales acerca de si los nuevos dispositivos  podrían  reemplazar la importancia de la presencia física en un tratamiento. Nos preguntamos también en que se modifica el dispositivo analítico y si se resiente la eficacia terapéutica y si es válido, entonces, en situaciones extraordinarias, como la que se está atravesando, servirse de elementos tecnológicos como el teléfono, video llamadas o Skype para los análisis.

Si bien el enfoque tradicional indica la presencia de los cuerpos en el dispositivo analítico, se hace necesario  matizar esa exigencia en tiempos en que es imprescindible y obligatorio la interrupción de los encuentros en su materialidad corporal. Esto condujo  a elecciones forzadas hacia el uso de soportes informatizados que posibilitan la circulación de la palabra y del lenguaje.

Si tenemos en cuenta que los análisis no se limitan a encuadres fijos; y en este sentido si recordamos que históricamente  se usaron procedimientos diferentes al dispositivo clásico: el primer análisis se realizó por correspondencia. Considerando  la situación inédita  de emergencia sanitaria que se atraviesa no se trata entonces de excluir los medios que provee la tecnología que posibilitan la práctica actual.

En un campo de trabajo con eficacia real el habla, la palabra, incluso el discurso como lazo social, pueden ser soportados por la digitalización. Instrumentos que en realidad son binarios y pueden tocar lo pulsional, porque  si decimos que la pulsión es el eco  del decir en el cuerpo, nada impide que esa resonancia llegue por medios no presenciales.

Frente a un  compromiso para mantener los tratamientos, debemos apelar  a la flexibilidad frente a nuevas circunstancias y nos comprometemos a un trabajo confiando en el método, y en una actitud analítica.

La presencia del cuerpo del analista vía el objeto voz,  la posición de escucha, la función de la palabra en la interpretación, las  intervenciones y  efectos visibles en  la reacción del paciente hacen posible sostener el “acto analítico” y “la posición del analista.”

Discontinuar los tratamientos sin utilizar la tecnología tal vez sería contraproducente para los pacientes que, con el problema del coronavirus, tienen seguramente muchos momentos de angustia sumados a los habituales.

Las plataformas virtuales consisten en ser una herramienta válida para momentos como el presente, donde es importante el mantenimiento de los dispositivos clínicos durante circunstancias como la actual en que afloran sintomatologías de alta intensidad  ante la amenaza enfermedad,  contagio, además del encierro y la situación económica incierta.

En los contextos socio culturales actuales estamos mediados por la tecnología y la pantalla es el gran enigma de la época y en este momento más precisamente la invitación es a abrirnos a la creatividad y a la dimensión de lo virtual aceptando que es “una escena posible” y que el dispositivo analítico está siendo reemplazado en su formato original.

Apelamos a tomar la situación desconocida e incierta para transformarla en una posibilidad y que las tecnologías sean herramientas de soporte para estar al servicio de las personas ya que ellas  en sí mismas no son buenas o malas, depende del modo en son usadas por el ser humano.