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Memoria y estrés

Los efectos del estrés en la memoria pueden resultar algo contradictorios y además difieren teniendo en cuenta si estamos hablando de estrés agudo o de estrés crónico, o sea si se produce de forma transitoria o mantenida. El estrés altera la memoria ya sea provocando dificultades para retener nueva información o para rememorar recuerdos ya almacenados.

La pérdida de memoria por estrés es bastante más frecuente de lo que imaginamos, este fallo cognitivo a menudo, se vive con preocupación, podemos olvidar reuniones, citas, nombres, hasta de llevar a nuestros hijos a alguna clase especial ya pactada. Antes de pensar en el Alzheimer o algún probable deterioro cognitivo, debemos tener en cuenta que el estrés es el causante del 80% de esos fallos en la memoria.

Cuando una situación supera nuestra capacidad de respuesta física o cognitiva, nuestro organismo pone en marcha la respuesta de estrés, en estos casos se libera la llamada hormona del estrés, el  Cortisol, producido por la glándula suprarrenal, o grupo de glucocorticoides que inundan el torrente sanguíneo, produciendo los ya conocidos efectos sobre nuestro cuerpo, aumento de la frecuencia cardíaca y de la respiratoria, reducción  de  la actividad gastrointestinal y  liberación de  las reservas de glucosa para ser utilizadas como fuente de energía.

En estos casos el cortisol puede tener un efecto negativo en las funciones del hipocampo, que es la estructura cerebral que se asocia a la memoria y  a la recuperación de recuerdos almacenados, los glucocorticoides redirigen la glucosa a otras zonas distintas del cuerpo,  como los músculos por ejemplo.

Al principio hemos dicho que los efectos sobre la memoria son contradictorios, el caso es que los glucocorticoides, según algunas investigaciones, hablando de estrés agudo, mejoran la formación de recuerdos nuevos, pero empeoran la recuperación de los recuerdos ya existentes.

En relación al estrés crónico se pueden provocar daños a largo plazo en el cerebro, ya que el organismo consume muchos recursos y reservas en la activación de estos procesos fisiológicos. Resultando éste mucho más perjudicial que el estrés agudo, ya que es más difícil para el organismo volver a alcanzar la homeostasis y así se desequilibran las respuestas de nuestro cuerpo.

El cerebro se vuelve vulnerable en relación al modo que gestionamos nuestras preocupaciones y tensiones diarias, sentir que podemos perder el control ante ciertas situaciones, produce un círculo vicioso y se nos dificulta sentirnos competentes y responsables en nuestra cotidianeidad.

Hay algunas estrategias que podemos poner en práctica para gestionar de una manera más saludable las situaciones estresantes:

  • Identificar tus estresores: Poder tomar conciencia de las reacciones de tu cuerpo, la tensión muscular, rigidez de los hombros y cuello, palpitaciones, sudor.
  • El estrés se debe manejar no evitando los focos que nos quitan la calma: Se gestiona mejor afrontando los estímulos que nos amenazan, decidiendo, tomando el control de la propia realidad en cada situación.
  • Poner en marcha técnicas de respiración: Siempre que podamos debemos recurrir a tomarnos unos minutos para practicar respiraciones abdominales que nos ayuden a tranquilizar nuestra mente y cuerpo.
  • Reinterpretar tu propia realidad: Sería beneficioso poder tomar conciencia de las cosas verdaderamente importantes y mirar el presente de forma relajada.
  • Mindfulness: Estás prácticas son muy adecuadas para gestionar el estrés. Resultan muy efectivas.
  • Alimentación saludable: La ingesta de frutas y verduras y el aporte de complementos minerales ayudan a proteger el cerebro del estrés.

En conclusión, la pérdida de memoria  a causa del estrés puede alterar nuestra vida, debemos aprender a bajar el ritmo y pensar que  nuestra salud a largo plazo es lo más importante.